Esta fue una semana muy especial. La Selección Colombia ganó un partido en el que no lo hizo tan bien, y en tres jugadas individuales logró meter las tres anotaciones que le valieron la victoria. Una de ellas, una poesía.
De ella (o sea de la anotación) aprendí que, aunque la norma me dé la ventaja, porque el jugador tuvo motivos suficientes para irse al suelo y pedir una falta, sostenernos y luchar hasta el final puede entregarnos los mejores goles de nuestra vida.
Yo amo el fútbol, y como lo juego intento vivir: CON MUCHA INTENSIDAD. Y ver a Juan Camilo Hernández, alias “El Cucho”, me inspiró sobremanera.
No me gusta la gente que se tira al piso porque la tocan; no es mi fútbol, tampoco mi vida. Y ver jugadores como él, en tiempos de marañas en el suelo y simulaciones estúpidas, me da esperanza.
No tendría por qué tener relación, pero me conecta con lo real. Con el amor, los libros, las risas, sangrar con una caída, volver a levantarse, agradecer en la dificultad, y todo eso que nos hace humanos, y no CHAT YPITÍS.
La siguiente buena notica de esta semana fueron las elecciones. ¿Y por qué habría de considerarla buena? Más allá de las posiciones políticas, porque siento que el país, poco a poco, está aprendiendo que ningún hombre nos va a salvar la vida, y que en cualquiera que sea el costado del ring habrá errores. En ese sentido, ¿qué nos queda? Poner nuestra confianza en Dios y en la construcción del país, de la mano de nuestros vecinos, en los lugares que nos correspondan: nuestras familias, barrios, ciudades, y hasta donde nos llegue la buena voluntad.
Nos queda darnos cuenta de que hay un porcentaje casi igual de personas que piensan y creen distinto, y que eliminarlo no es posible. Nos queda el cansancio de las riñas familiares por whatsapp, de los interminables memes y noticas políticas que nos enfermaron, y de una voz que se levantó. Hasta hace un tiempo, una parte del país no era capaz de hablar por miedo a ser funada, y en esta temporada eso cambió. La gente fue capaz de dar sus opiniones en voz alta, por más conservadoras, fachas, mamertas, ecologistas, santurronas o lo que sea, y de mantenerlas a pesar de los comentarios negativos. Nos dimos cuenta de que los rótulos de “Paraco” o “Guerrillero” no nos mataron, y que ser fieles a nuestras convicciones dio fruto. El fruto de una democracia que eligió por la izquierda hace 4 años, y hoy, 21 de junio, por la derecha. Píquele a quien le pique, así se ve una democracia.
Por último, me llevo este aprendizaje:
Esta semana aprendí que las malas noticias están matando la esperanza, y que sin ella no hay nada. ¿Por qué? Porque es la gasolina de la fe. Es creer que las cosas pueden ser mejores (ESPERANZA), lo que hace que nos movamos para conseguirlas (FE).
Esperanza es verlo, fe es hacerlo.
Con ese aprendizaje, me motivé mucho más a ser un avivador de LA ESPERANZA, porque mientras la competencia por nuestra atención está siendo secuestrada por los escándalos, los documentales de personas retorcidas, las malas noticias de personas en autoridad que, debiendo cuidarnos, nos perjudican, y las divisiones políticas que adoctrinan y de a poco le quitan la responsabilidad al ser humano de asumir su vida, las ganas de luchar por algo mejor se van a ir apagando. Es como si de a poco hubiésemos dejado de creer que algo bueno puede ser…
Frente a esto, viene a mi mente una Palabra en Jeremías 6:16: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.
A esos caminos debemos volver. A LOS PRINCIPIOS. A la honra. Al trabajo duro. A la comunión alrededor de la mesa. Al amor para siempre. A la voluntad de abrir caminos. A la paciencia de los procesos. A lidiar con la frustración. A aprender a aburrirnos. A vivir offline para contar online. A los libros, cuentos, llevas congeladas, picardías de timbrazos y piques que se esconden… A la vida como la soñó el soñador. A Dios.
Colombia es un país fortaleza, un país despensa, un país de esperanza. Y mientras tenga aliento, seguiré contándolo a propios y extraños. Y espero contar con usted en el proceso.
JE LE QUIERE, mi pez.