Con la llegada del señor Gustavo Petro a la Alcaldía Mayor de Bogotá, los índices de contaminación registraron los índices más bajos en la historia de la capital colombiana.
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El líder político ha emprendido una incansable lucha por mejorar el estilo de vida de los bogotanos, mediante normativas que restringen la posibilidad de construir en lugares no aptos para su habitabilidad, la implementación de vehículos amigables con el medio ambiente, la inclusión social para recicladores, entre muchas otras cosas. Una de las prácticas que más ha fomentado, es la promoción y participación ciudadana en el uso de la bicicleta. Cabe aclarar que anteriores alcaldes tienen mucho mérito en la culturización de ésta; es el caso de Antanas Mockus y Enrique Peñalosa.
A pesar de todos los datos que demuestran que la ciudad ha mejorado, el imaginario de Bogotá, hasta para los mismos bogotanos, es de caos, desorden, inseguridad y un sinfín de adjetivos peyorativos que la hacen, para el que no la conozca, un lugar impensable para vivir. Soy de otra ciudad de Colombia, una ciudad ordenada y limpia –dentro de los bajos estándares de limpieza y orden de nuestro país-, y no creo en todas las patrañas que surcan, como círculos viciosos, por las bocas de cientos de miles de bogotanos y foráneos que habitan esta hermosa ciudad. Y no lo hago porque en Bogotá todos opinan, todos tienen la solución, pero nadie la aplica. Recuerdo que el Alcalde dijo en una ocasión que los ciudadanos debían evitar el uso de sus celulares en las calles. ¡Todo el mundo le cayó encima! Y, ¿Por qué? Porque la gente acá piensa lo que el vecino piensa, y si este señor es un canalla para el vecino, para mí también lo es. Si yo fuera su mamá le diría: “Mijo, evite sacar el celular en la calle”, y estoy seguro de que usted no me caería encima a decirme “Estúpida”, “¿Esta socialista me está hablando en serio?”, en fin, sé que me agradecería por la preocupación. Lo cierto es que Bogotá ha cambiado, y si para muchos “esta ciudad está inhabitable” y “peligrosísima”, la realidad es otra; la capital registra la tasa más baja de homicidios en 30 años. http://bit.ly/1pes8x5
Las normas en este país están diseñadas para ser pisoteadas
Además de los costosos impuestos y el alto precio de la gasolina, los automóviles cuentan con una restricción: el Pico y Placa. Esta medida pretende controlar la circulación de automotores por la ciudad, contribuyendo a la reducción del impacto ambiental y de los embotellamientos que tanto agobian a los ciudadanos. Con la llegada de esta norma, muchos habrán pensado en sus hogares: “Ah, ¿me van a poner una restricción? ¡Pues me compro otro carro!”. Entonces, una norma que pretendía reducir la circulación de vehículos, termina por aumentarla. Es irónico.
Estas mismas personas son las que se quejan de los trancones, de la contaminación, de la inseguridad y del resto de problemas que ya nos sabemos de memoria –RCN y Caracol ya nos enseñaron el discurso-. Pero, son ellos los que tienen carro todos los días, los que sacan el celular en cualquier esquina y, que por ende, padecen de las “gravísimas” enfermedades de la urbe sabanera. Es cierto que los medios de transporte masivos de la ciudad no están bien –aunque, personalmente, quiero y uso mucho el Transmilenio-, y, cuando me refiero a que no están bien, es porque algunas vías del Transmilenio están resquebrajadas, lo buses públicos padecen el constante embotellamiento de la ciudad y, algunas veces, es difícil caber dentro. Gracias a Dios no sufro del mal de ‘entecamiento’, o sea, no me enteco si voy apretado.
Sí, es cierto que no tenemos el sistema de transporte de Madrid, de New York o de Hong Kong, pero, ‘mijo’, déjese de idealismos pendejos, si en Amsterdam dejó el celular en la mitad de un parque, y cuando vuelve continúa ahí, y además le subieron el puntaje en Candy Crush, eso es allá, acá usted tiene que vivir pendiente. Sé que es duro, pero así es. Mi punto es, si está cansado de los ‘trancones’, y es de los que se ‘enteca’ si se monta a un Transmilenio o en un bus, cómprese una bicicleta, preferiblemente sin motor; ¡NO SEA FLOJO! Ejercite las piernas, respire, mire gente a su alrededor, sienta el aire acariciándole el rostro. Y sí es de los que prefiere seguir conduciendo automóvil, suba el volumen del radio, recueste la silla y aguántese el ‘trancón’.
No haga parte de las personas que contribuyen al problema y que además se quejan. Y si pretende seguir empeorando la situación, entonces sea coherente con su proceder y no diga nada. ¡HAGA PARTE DEL CAMBIO!, monte bicicleta, deje de escribir en Facebook #FuerzaCampesinosColombianos y más bien cómpreles la fruta y la verdura, en fin; piense en su gente, en su ciudad y en usted.
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