El pasado 29 y 30 de marzo la calle 26 recuperó su brillo. Luego de la arremetida por parte de las autoridades distritales tapando los graffitis, los artistas – porque eso son, artistas – respondieron con un despliegue de paz y arte digno del incomodo suceso color ocre. Escoltados por un clima ideal y por varios agentes de la policía distrital, los grafiteros tomaron sus únicas armas – stencils, lacas y un pulso verraquísimo – y, desde las 11 de la mañana, iniciaron el embellecimiento de la calle que lleva al Dorado.
Desde la avenida Caracas hasta la carrera 30 con calle 26, jóvenes, adultos y niños dieron rienda suelta a su talento con las pinturas. Cada metro de pared carente de imaginación fue dibujado; unas con animales y personas, otras con figuras geométricas. Lo único cierto es que cada línea de pintura llevaba consigo un aire de inconformidad y libre expresión.
Los agentes de policía lucían caretas de extrañeza, parecían fuera de lugar. Al igual que un tigre lamiendo un siervo, los uniformados esperaban un movimiento en falso para meter el zarpazo. Siguieron órdenes y le lamieron las latas a los grafiteros, ubicaron conos en los dos sentidos de la vía, asegurándoles un carril para realizar sus obras. Este acompañamiento generó varias opiniones. “Es hasta chévere, si tomaron la iniciativa de llegar a taparnos y volvernos mierda, también es válido que nos apoyen”, expresó REMS. Diferente a él, CHABO – otro artista – comentó: “Ellos lo hacen por hipocresía, porque esos manes nos querían sacar es al trote de acá”. Como estos dos pelaos, extrañados por la incómoda situación, el resto de grafiteros aceptaron la colaboración de las autoridades, sin dejar a un lado sus ideas sobre el normal proceder de los ‘Tombos’.
El Capitán Diego Gómez, encargado de coordinar el normal desarrollo de la jornada, me comentó que las autoridades estaban enteradas de la toma grafitera y, que por órdenes del comando de Policía Metropolitana, se les envió a prestar el servicio de acompañamiento y seguridad a los protagonistas del evento. La subteniente Andrea Restrepo también me habló sobre el trabajo que estaban realizando. De manera contradictoria – y digo contradictoria porque días antes estuvieron en la misma calle tapando los graffitis de los jóvenes que en ese momento cuidaban – aseguró que la policía tenía que hacer un trabajo mancomunado con la comunidad, y que además era su responsabilidad apoyarlos para que estuvieran haciendo esto y no otras cosas. ¿Será que si no se hubiera armado semejante revuelta por las redes sociales, hubieran ido a “proteger” a los graffiteros? Yo creo que el siervo hubiera terminado bañado por los jugos gástricos del tigre.
Los pintores urbanos buscan un responsable por el blanqueamiento de sus ideas, y la idea que predomina es que “la chimbita de alcalde que les tocó ahora” estuvo detrás de todo. Con la Bogotá Humana de Gustavo Petro sus expresiones artísticas lograron un espacio dentro de la legalidad, y no es coincidencia de que luego de la salida del susodicho, se hayan abalanzado con pinturas grises y ocres para “limpiar el entorno”.
Presenciamos dos jornadas llenas de paz y arte, que lejos de ensuciar el entorno, lo llenaron de magia y espectáculo visual. Los ciudadanos no fueron ajenos a esto. Por la amplia 26 pasaban carros, buses y motos pitando, con sus ocupantes sacando las manos en señal de apoyo y gritando: “¡Esa es!, ¡Buena, buena!”. Todos los jóvenes lucían satisfechos, dichosos por hacer lo que más les gusta sin ser asediados por los ‘aguacates’. Otras personas se unieron a la jornada. Entre dos postes de luz, un señor hacía Slackline, un niño pasaba de un lado a otro montado en su monociclo, y así muchas personas gozaban de aquella soleada tarde bogotana.
Los gestos de apoyo por parte de la ciudadanía y las autoridades deberían ser una constante, así dejaríamos de presenciar tantos abusos de autoridad y de escuchar tantas personas refiriéndose de manera peyorativa a los artistas urbanos como gamines, ñeros y gente sin oficio. Como dijo el CHABO – un excelente grafitero –, “No se dan cuenta que lo que uno hace, a lo bien, es arte. Para ellos, artistas son todos esos manes que salen en el periódico y todos los que van por allá a galerías de otros países, pero, aunque no lo crean, en la calle también hay arte y eso es a lo que nos dedicamos nosotros, o si no mejor nos quedaríamos en la casa durmiendo”
Lo único cierto, es que gracias al trabajo en equipo y a la fuerza de las redes sociales, se recuperó un espacio de gran importancia para la esta ciudad, ícono del arte urbano en el mundo. El pulso lo ganaron las ganas, la unión y ¡EL ARTE!
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